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Autor   Publicado en Proyecto Avalon con fecha 01/07/2004

Antonio Cutanda -

GRIAN (Antonio Cutanda) es psicólogo, escritor, comunicador y activista social. Autor del bestseller El jardinero (1996), con 25 ediciones en castellano y traducido a 8 idiomas, es asimismo el fundador y director del Proyecto Avalon - Iniciativa para una Cultura de Paz.

 

Un nativo pemón al borde del abismo de Roraima, en Venezuela

Un nativo pemón al borde del abismo de Roraima, en Venezuela. (Fotografía de Grian)

 

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VENCER EL MIEDO

por Grian

Boletín Dar al-Salam, Córdoba, 1 de julio de 2004

 

“¿Por qué susurran?; ¿por qué tienen tanto miedo?”   

Witi Ihimaera, escritor maorí, refiriéndose al paheka, “pueblo blanco” 

 

El miedo es uno de los factores que más influencia tienen en la génesis de la violencia. Aquéllos que no utilizarían la violencia por ambición, por codicia o por soberbia, recurren a la violencia por miedo. Y eso es algo que conocen muy bien los que medran con las armas y las guerras. El director de cine Michael Moore lo argumentó magníficamente en su documental Bowling for Columbine. Si tienes a todo un país muerto de miedo, venderás más armas. Si asustas a toda una nación con los posibles peligros de un oponente externo, los estarás preparando para que acepten una guerra contra ese oponente. 

¿Por qué tenemos tanto miedo en occidente? Tenemos miedo a lo que piensen de nosotros. Tenemos miedo a perder nuestra posición social. Tenemos miedo a perder nuestra «sociedad del bienestar». Tenemos miedo a la vejez, a la muerte... ¡Tenemos miedo a tantas cosas...!

Si lo observamos bien, tenemos miedo a perder «lo que tenemos», «lo que poseemos». Esto no deja de ser un problema de esa parte de nosotros a la que llamamos ego (el «yo-mí-mío»), insaciable a la hora de poseer y acumular, receloso ante cualquier sospecha de pérdida, aferrado a lo que posee y anhelante por poseer más, aunque le sobre y le estorbe.

No conviene olvidar que al ego no sólo le gusta poseer cosas materiales. En muchas ocasiones, se aferra con mucha más avidez a las posesiones intelectuales (ideologías, visiones de la vida, etc.) o emocionales (de aquí se nutren, por ejemplo, los que medran con las adicciones de los demás).

Pero, sin pretender ser exhaustivos, habría que resaltar también que, entre las causas de nuestro miedo, habría que anotar también una buena parte a la influencia de unos sistemas de creencias que, en lugar de liberar (que, en el caso de las religiones, por ejemplo, era su objetivo original), están diseñados para constreñir y maniatar las conciencias a través del temor.

De algún modo, crecimos todos en una atmósfera mental de temor, mientras en otras culturas (por desgracia, no muchas) se desarrollaron las cosas de otro modo, y de ahí su escasa adherencia a las respuestas violentas.

Así pues, vencer el miedo se convierte en una de las consecuciones más importantes y necesarias, si queremos dejar a un lado las respuestas y las actitudes violentas. Vencer el miedo, tanto en lo individual como en lo social, en lo grupal, conviene que sea uno de los objetivos fundamentales de toda prevención de la violencia, el conflicto y la guerra.

Pero, para vencer el miedo, convendrá que trabajemos nuestros pensamientos, nuestras actitudes, nuestras creencias; eliminando o desechando todo aquello que favorece nuestros temores y nos encierra en el caparazón; elaborando o potenciando nuevas visiones de la realidad y del mundo, nuevos hábitos de comunicación y resolución de conflictos basados en el coraje y en el encuentro dialogante con el oponente.

No en vano Gandhi decía que el camino de la no-violencia es un camino de valentía y coraje. Para no reaccionar violentamente, primero conviene perderle el miedo a la vida y al mundo; y, para eso, tenemos que dominar a nuestro pequeño y egoísta «yo», a nuestro ego, hasta convertirlo en un aliado dócil de nuestros más elevados ideales. 

 

 

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