Proyecto Avalon - Artículos de opinión

Apoya nuestro trabajo con una                Recibe nuestra Newsletter 

Autora   Publicado en Proyecto Avalon con fecha 19/07/2004

Naomi Klein

NAOMI KLEIN  es una escritora y activista canadiense, conocida por sus análisis políticos y sus críticas a la globalización empresarial. Es autora del bestseller mundial La doctrina del shock: el auge del capitalismo del desastre (2007) y de No logo: el poder de las marcas (2009).

 

Manifestación de veteranos de la Guerra de Iraq en contra de la guerra en la que lucharon

Manifestación de veteranos de la Guerra de Iraq en contra de la guerra en la que lucharon

 

Únete al Proyecto Avalon. Clica aquí e infórmate

Clica aquí

 

SÍGUENOS

en Twitter, Facebook y You Tube

twitter facebook youtube

 

LAS FAMILIAS CONTRA LA GUERRA

por Naomi Klein

La Jornada, México, 11 de julio de 2004

Los deudos de soldados muertos en Iraq podrían influir en la elección de Estados Unidos

 

Padres y madres de soldados de Estados Unidos muertos en Irak parecen haber perdido el miedo y ahora condenan a su propio gobierno. 'Su enojo moral podría ayudar a poner fin al conflicto militar', afirma la escritora
canadiense. Las víctimas de la guerra quizá no puedan modificar los
resultados electorales, 'pero podrían cambiar algo mucho más poderoso: los
corazones y mentes de los estadounidenses'.

Hay una escena destacable en Fahrenheit 9/11, cuando, afuera de la Casa
Blanca, Lila Lipscomb habla con una activista contra la guerra sobre la
muerte de su hijo de 26 años en Irak. A una mujer que va pasando por ahí,
que está a favor de la guerra, no le gusta lo que alcanza a escuchar y
afirma: "¡Todo esto está actuado!"

Lipscomb voltea hacia la mujer, su voz temblando de furia, y dice: "Mi hijo
no es algo actuado. El murió en Kerbala el 2 de abril. No es actuado. Mi
hijo está muerto". Se aleja y se lamenta: "Necesito a mi hijo".

Al mirar a Lipscomb quebrada por el dolor, sobre el pasto de la Casa Blanca,
me recordó otras madres que han llevado la pérdida de sus hijos al asiento
del poder y cambiado el destino de las guerras. Durante la "guerra sucia" de
Argentina, un grupo de mujeres cuyos hijos fueron desaparecidos por el
régimen militar se reunió cada jueves frente al palacio presidencial en
Buenos Aires. En una época en la que toda protesta pública estaba prohibida,
caminaban en círculos en silencio, portaban pañoletas blancas y mostraban
fotografías de sus hijos desaparecidos.

Las Madres de la Plaza de Mayo revolucionaron el activismo de los derechos
humanos al transformar el dolor maternal de un motivo de compasión a una
fuerza política imparable. Los generales no podían atacar a las madres
abiertamente, así que emprendieron feroces operaciones encubiertas contra la organización. Pero las madres siguieron caminando, y jugaron un papel
significativo en el eventual colapso de la dictadura.

A diferencia de las Madres de la Plaza de Mayo, que, hasta hoy, marchan
juntas todas las semanas, en Fahrenheit 9/11, Lila Lipscomb está parada
sola, arrojando su furia a la Casa Blanca. Pero Lila Lipscomb no está sola.
Otros padres estadounidenses y británicos cuyos hijos murieron en Irak
también condenan a sus gobiernos, y su enojo moral podría ayudar a poner fin al conflicto militar que continúa en Irak.

La semana pasada, la residente californiana Nadia McCaffrey desafió a la
administración de Bush e invitó a las cámaras de los noticiarios a
fotografiar la llegada del ataúd de su hijo de Irak. La Casa Blanca había
prohibido fotografiar los ataúdes con banderas en las bases de la Fuerza
Aérea, pero debido a que los restos de Patrick McCaffrey fueron enviados al
Aeropuerto Internacional de Sacramento, su madre pudo invitar a los
fotógrafos.

"No me importa lo que quiera (el presidente Bush)", declaró McCaffrey a un
periódico local. "Ya basta de guerra".

Mientras el cuerpo de Patrick McCaffrey emprendía el regreso a casa en
California, otro soldado murió en Irak: Gordon Gentle, de 19 años, de
Glasgow, Inglaterra.

Al escuchar las noticias, su madre, Rose Gentle, inmediatamente le echó la
culpa al gobierno de Tony Blair, y dijo: "Para ellos mi hijo sólo era un
pedazo de carne, sólo era un número. Esta no es nuestra guerra, mi hijo
murió en su guerra por el petróleo".

Y justo cuando decía estas palabras, Michael Berg estaba de visita en
Londres para hablar en una manifestación contra la guerra. Desde que
decapitaron a su hijo de 26 años, que trabajaba en Irak como un contratista,
Michael Berg ha insistido: "Nicholas Berg murió por los pecados de George
Bush y Donald Rumsfeld". Un periodista australiano le preguntó si estas
afirmaciones "hacían que la guerra pareciera no tener frutos". Berg
contestó: "El único fruto de la guerra es la muerte y las penas y el dolor.
No hay otros frutos".

 

ESTOY TAN FURIOSO AHORA, MAMÁ

Es como si estos padres hubiesen perdido más que a sus hijos, como si
hubiesen perdido el miedo, lo cual les permite hablar con mayor claridad y
poder. Esto presenta un reto peligroso para la administración de Bush, al
cual le gusta proclamar un monopolio sobre la "claridad moral". Se supone
que las víctimas de la guerra y sus familias no deberían de interpretar sus
pérdidas por sí mismos, se supone que deberían de dejarle eso a las
banderas, los listones, los metales y los saludos marciales. Supuestamente,
los padres y los esposos deberían de aceptar sus tremendas pérdidas con
patriotismo estoico, y nunca preguntar si se hubiera podido evitar una
muerte, nunca cuestionar cómo sus seres queridos son usados para justificar
más muertes. En el funeral militar de Patrick McCaffrey la semana pasada,
Paul Harris, del Batallón de Ingenieros 579, informó a los deudos que, "lo
que Patrick hacía era bueno y correcto y noble, hay miles, no, millones de
iraquíes que están agradecidos por su sacrificio".

Nadia McCaffrey no se la cree e insiste en que carga con los sentimientos de
su hijo, de profunda decepción, más allá de la tumba. "Estaba tan
avergonzado del escándalo de abuso de prisioneros", le dijo McCaffrey a The
Independent. "Dijo que no teníamos nada que hacer en Irak y no deberíamos
estar ahí". Libre de la censura militar que impide a los soldados decir lo
que piensan mientras están vivos, Lila Lipscomb también ha compartido las
dudas de su hijo respecto a su trabajo en Irak. En Fahrenheit 9/11 lee de
una carta que Michael Pederson envió a casa. "Qué le pasa a George, que
trata de ser como su papá Bush. Nos trajo hasta acá absolutamente para nada. Estoy tan furioso ahora, mamá".

Furia es una respuesta completamente apropiada a un sistema que envía a
jóvenes a matar a otros jóvenes en una guerra que nunca debió haber sido
librada. Sin embargo, la derecha estadounidense siempre trata de patologizar
la furia como algo amenazante y anormal, menospreciando a los oponentes en la guerra como odiosos y, lo último, como "locos". Esto es mucho más difícil de hacer cuando las víctimas de las guerras comienzan a hablar por sí
mismas: nadie puede cuestionar la locura en los ojos de una madre o un padre que acaban de perder un hijo o una hija, o la furia de un soldado a quien se le pide que mate y que muera sin necesidad de ello.

Muchos de los iraquíes que han perdido a seres queridos ante la agresión
extranjera han respondido resistiendo a la ocupación. Ahora las víctimas se
comienzan a organizar dentro de los países que libran la guerra. Primero fue
Familias del 11 de Septiembre por un Mañana Pacífico, que está contra
cualquier intento de la administración Bush de usar las muertes de miembros
de sus familias en el Centro Mundial de Comercio para justificar más muertes
de civiles. Familias Militares Hablan ha enviado delegaciones de veteranos y
padres de soldados a Irak, mientras Nadia McCaffrey planea formar una
organización de madres que hayan perdido a sus hijos en Irak.

Las elecciones estadunidenses siempre tienen algún asunto paternal: la vez
pasada eran las madres en el fútbol, esta vez se supone que sería padres de
Nascar. Pero el domingo, el campeón de carreras de autos Nascar, Dale
Earnhardt, dijo que había llevado a sus amigos a ver Fahrenheit 9/11 y que
"es una buena cosa que lo haga todo estadounidense". Parece que podría haber otro asunto que modifique la elección: no madres aficionadas al fútbol o padres al Nascar, sino las víctimas de la guerra. No tienen el suficiente
apoyo como para modificar los resultados en estados decisivos, pero podrían
cambiar algo mucho más poderoso: los corazones y mentes de los
estadounidenses.

(Traducción al castellano: Tania Molina Ramírez.) 

 

 

volver arriba Back to top