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Autor   Publicado en Proyecto Avalon con fecha 01/09/2004

Antonio Cutanda -

GRIAN (Antonio Cutanda) es psicólogo, escritor, comunicador y activista social. Autor del bestseller El jardinero (1996), con 25 ediciones en castellano y traducido a 8 idiomas, es asimismo el fundador y director del Proyecto Avalon - Iniciativa para una Cultura de Paz.

 

Un lobo disfrazado de oveja no deja de ser un lobo

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EL ESCUDO DE LA COHERENCIA

por Grian

Boletín Dar al-Salam, Córdoba, 1 de septiembre de 2004

 

 

Mucho se ha hablado de «el ocaso de las ideologías», desde que Daniel Bell escribiera en 1960 su ensayo con el mismo título, pero no tanto se ha incidido en las causas —al menos, en las causas más profundas— de ese ocaso. 

Las ideologías, en sí, y salvo algunas terribles excepciones, han constituido un hermoso cúmulo de planteamientos sensatos, de visiones lúcidas de la realidad circundante, de directrices lógicas y racionales y, en resumen, de buenas intenciones. La mayoría de ellas han surgido como respuesta a los problemas sociales de una época y, unas más, otras menos, todas han intentado ofrecer soluciones a esos problemas en la dirección del mayor bien común o de la justicia social, si bien ésta última se ha podido entender de múltiples e, incluso, contradictorias maneras.

Por todo ello, podríamos decir que una buena parte de las ideologías que han movido a las sociedades humanas, al menos durante los últimos siglos, podrían haber sido una bendición para la humanidad, si se hubiesen aplicado tal como pretendía el ideario original.

Pero, ¿por qué no funcionaron tan hermosos idearios? ¿Por qué no se llegaron a aplicar hasta sus últimas consecuencias, demostrando así su bondad? ¿Por qué muchos de ellos terminaron convirtiéndose en una pesadilla, en todo lo contrario de lo que pretendían? ( Tengamos en cuenta la definición de ideología: «Conjunto de ideas que caracterizan a una escuela, persona, colectividad, autor, movimiento cultural, religioso o político, etc.»)

Las causas de estos fracasos son muchas. Hay causas sociales, causas políticas, causas filosóficas, causas…Pero, en última instancia, la causa final hay que buscarla en el interior del ser humano; o, por concretarlo mejor, en el interior de los seres humanos que se adhirieron a esas ideologías. 

 

Porque lo que trajo el descrédito sobre toda ideología, por elevada y hermosa que fuera, no fue otra cosa que la INCOHERENCIA de muchos de sus representantes, que, más pronto o más tarde, terminaban cediendo a sus pulsiones egoicas en detrimento de sus ideales. Lo que trajo la desilusión, la decepción y el desencanto sobre las ideologías, fueran políticas, religiosas o sociales, fue la inconsistencia entre lo que se decía y lo que se hacía. Al final, las pulsiones más arraigadas del ego —la avaricia, el miedo, el orgullo, la mentira, la codicia, la soberbia, la pereza…— se impusieron sobre nuestras mejores intenciones, sobre nuestros anhelos de un mundo mejor.

Por expresar el problema de un modo gráfico: UN LOBO DISFRAZADO DE CORDERO, NO DEJA DE SER UN LOBO.

Difícilmente podremos llevar a buen término nuestras ideologías, difícilmente podremos demostrar su bondad para la especie humana, si no adoptamos un compromiso firme con la COHERENCIA, si no realizamos un profundo trabajo de conocimiento de uno mismo y de autocontrol basados en una ética inalterable, en un compromiso que nos lleve a anteponer los intereses de la humanidad (y los de la vida toda) por encima de nuestros propios intereses personales. 

 

 

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