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Autor   Publicado en Proyecto Avalon con fecha 25/01/2005

Antonio Cutanda -

GRIAN (Antonio Cutanda) es psicólogo, escritor, comunicador y activista social. Autor del bestseller El jardinero (1996), con 25 ediciones en castellano y traducido a 8 idiomas, es asimismo el fundador y director del Proyecto Avalon - Iniciativa para una Cultura de Paz.

 

Cartel de McDonalds con el mensaje  

La pérdida de valores en nuestra sociedad lleva las cosas al paroxismo de valorar precisamente y hacer ostentación incluso de aquellas actitudes que pueden destruir una sociedad

 

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BARRER PARA CASA

por Grian

Boletín Dar al-Salam, Córdoba, 25 de enero de 2005

 

La actitud de «barrer para casa» puede parecer, a tenor de los valores imperantes en nuestra sociedad, no sólo una actitud permisible, sino incluso deseable y aconsejable para que «nos vaya mejor» en la vida. A partir de esta actitud, reforzada por nuestros mayores desde que somos niños, estructuramos y damos forma a una sociedad que, luego, nos va a parecer injusta y arbitraria, cuando los que «barren para casa» son otros y somos nosotros los perjudicados. 

No hace demasiado tiempo, tuvimos un ejemplo de esta situación, con la entrada del euro en la economía de la sociedad española. El que más y el que menos ajustó los precios con la nueva moneda «al alza», echando mano de esta actitud en la que el «yo» prevalece sobre el «nosotros». Y el resultado ha sido un aumento de los precios que ha llevado a la inmensa mayoría de la sociedad a una situación económica a todas luces peor de la que se tenía con anterioridad a la entrada del euro. El problema, una vez más, no estaba en el «objeto», en este caso el euro (o la Unión Europea, tanto da); el problema se hallaba en el «sujeto», en las personas que hacemos uso del euro. En definitiva, el problema se hallaba en el interior de las personas o, por decirlo de un modo simbólico o poético, el problema se hallaba en nuestro corazón.

«Barrer para casa» puede parecer la actitud más inteligente de cara a la propia supervivencia y, de hecho, a corto plazo, así es. Pero los buenos jugadores de ajedez, los más inteligentes, evalúan sus movimientos a muchas jugadas vista. Si, globalmente, hubiéramos sido verdaderamente inteligentes, habríamos sido absolutamente honestos y nos habríamos conformado con seguir obteniendo los mismos beneficios que obteníamos antes de la entrada del euro. Pero, claro está, siempre aparece la vieja excusa de la humanidad: «Es que, aunque no lo haga yo, lo van a hacer otros»; esa vieja excusa que no nos deja salir de la desdicha como especie, esa torpe excusa que han llegado a utilizar incluso los torturadores en los campos de exterminio; la excusa cobarde de nuestro «yo» miedoso y ávido de posesiones, que encuentra una vía adecuada para medrar. Y así, «barriendo para casa» nos generamos, a medio y largo plazo, más problemas de los que ya teníamos. Llegado ese punto, y no estando dispuestos a reconocer nuestra parte en el error colectivo, necesitamos encontrar un culpable, alguien a quien acusar de nuestros aprietos. Si lo encontramos, volcaremos sobre él nuestras iras. Si no, culparemos al cielo de lo que sólo nosotros nos hemos buscado. Y así continuaremos nuestra existencia, manteniendo esa vieja actitud de «barrer para casa», una actitud de la cual hacemos uso hasta en los más pequeños detalles de nuestra vida cotidiana.

Pero, si queremos un mundo mejor, si queremos un mundo justo, tendremos que comenzar por nosotros mismos, aunque podamos salir perjudicados en principio, «a corto plazo». Tendremos que olvidar la vieja excusa de los miedosos y tendremos que responsabilizarnos, todos y cada uno, del mundo en el cual vivimos y de la sociedad que todos formamos. Y convendrá que adoptemos la honestidad y la rectitud como normas supremas de nuestro día a día, hasta en las más pequeñas cosas, aunque muchas veces, autoindulgentes por norma, caigamos en la tentación de «barrer para casa». Llegará un día en que la honestidad alcanzará altas cotas de integridad y coherencia y, con ello, estaremos construyendo verdaderamente un mundo mejor para todos, «a medio y largo plazo».

Sigamos «barriendo para casa», por favor. Pero asegurémonos de que barremos para la casa de todos, para este pequeño planeta en el cual vivimos y, en última instancia, para este maravilloso universo que es nuestro hogar común. 

 

 

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