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Autora   Publicado en Proyecto Avalon con fecha 11/03/2005

Elena Pérez

ELENA PÉREZ es funcionaria de la administración autonómica valenciana, activista pro-derechos civiles desde hace más de 30 años y miembro fundador del Proyecto Avalon - Iniciativa para una Cultura de Paz.

 

La luz de una vela en la oscuridad 

Se cumple un año de un drama innecesario y absurdo

 

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11M, UN AÑO DESPUÉS - Manifiesto del Proyecto Avalon

por Elena Pérez

Editorial de la website del Proyecto Avalon, Requena, 11 de marzo de 2005

 

Se cumple un año ya de la matanza del 11 de Marzo en Madrid. Se cumple un año de un drama innecesario y absurdo; tan absurdo e innecesario como tantos otros dramas que abruman la consciencia colectiva de la humanidad desde que los seres humanos decidieron que matar a otros seres humanos era algo perfectamente permisible. 

La violencia y la guerra, hijas de la ignorancia y de los más bajos niveles de la evolución humana, vienen abrumando, angustiando y ensombreciendo nuestras vidas generación tras generación, como una maldición de la que no pudiéramos escapar; como una pesadilla interminable de la que no pudiéramos zafarnos para despertar bajo la luz de un nuevo día de consciencia plena y despierta. Pero este mal sueño milenario no puede ser eterno, pues cada vez somos más las personas que nos negamos a creer que la naturaleza humana es, de por sí, violenta; y cada vez somos más los que pensamos que el ser humano sí que tiene remedio, y que ese remedio empieza por el trabajo sobre uno mismo, para superar y vencer cualquier brizna de violencia que podamos albergar en nuestro interior. 

Si el 11 de Marzo tiene que servir de algo, no puede ser para otra cosa que para reafirmarnos en nuestro objetivo de construir un mundo mejor, un mundo donde, definitivamente y para siempre, dejen de imperar la violencia y la guerra, la injusticia y la miseria. Si el 11 de Marzo puede transmutarse en una bendición, será sólo si lo convertimos en tierra de cultivo para las semillas de la paz, si lo convertimos en pretexto para el encuentro con nuestros hermanos de otras religiones y otras culturas, si lo transformamos en punto de partida para el conocimiento mutuo y para la justicia e igualdad entre los pueblos del mundo. La paz es posible, y sólo una determinación férrea en la no-violencia nos puede llevar a la realización del sueño de un mundo mejor, un mundo donde la violencia y la matanza se contemplen al fin como antiguas y degeneradas costumbres de una humanidad infantil y escasamente evolucionada; un mundo donde el bien mayor no sea económico, ni ideológico, ni religioso; un mundo donde el bien mayor sea, ni más ni menos, el de la Vida. 

En su libro, “La Rosa de la Paz”, Grian escribe: “NO EXISTE PATRIA QUE MEREZCA LA OFRENDA, NI EL TRIBUTO, DE UNA SOLA VIDA HUMANA SIQUIERA. ¿Qué es la patria, sino un sueño arrogante de grandezas, el delirio colectivo de quienes necesitaron sentirse distintos? Las aves nunca vieron las fronteras por las que los hombres se arrancaron la vida y el aliento, y ni el polvo de la tierra ni las aguas de los ríos supieron distinguir entre sangres de patriotas o invasores. NO EXISTE BIEN, NI RIQUEZA NI IDEAL, QUE RECLAME LA ENTREGA DE UNA SOLA VIDA HUMANA SIQUIERA. ¿Es que acaso existe bien, riqueza o ideal que se halle por encima de la bondad de estar vivos? Callen las voces de los necios que decretaron el horror, cubran de vergüenza su sonrisa vencedora; pues sólo infamia, que no honor, cosecharon apagando las luces de otros ojos. NO HAY DIOS QUE EXIJA EL SACRIFICIO DE UNA SOLA VIDA HUMANA SIQUIERA. Mi Dios no es Dios de odio ni rencor, ni se complace con la angustia y el espanto en el campo de batalla. ¿Qué clase de dios habéis ideado y cincelado en vuestros corazones? Bien se ve que estáis dormidos y no entendéis el lenguaje de los justos, pues de otra forma no haríais alarde ni pregón de vuestros desatinos. NO EXISTE EXCUSA, NI PALABRA, NI RAZÓN, QUE VALGA UNA SOLA VIDA HUMANA SIQUIERA. Y sólo le está permitido al Amor inspirar, con mansas palabras de paz, la entrega del propio aliento y la renuncia a la luz en la propia mirada.”

En nombre de las víctimas del 11 de marzo, en nombre de todas las víctimas de la violencia y las guerras que en el mundo han sido, asumamos el compromiso personal e intransferible de convertirnos en pacificadores de nuestro mundo, allá donde estemos; empuñemos como escudo la férrea determinación en la construcción de un mundo mejor, convirtiéndonos ya en personas de ese nuevo mundo que soñamos; démosle a la Vida la prioridad que le corresponde, por su propia esencia, por encima de cualquier valor humano, económico, social, político, filosófico o religioso.

Que las muertes de tantos inocentes no hayan sido en vano. 

 

 

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