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Autor   Publicado en Proyecto Avalon con fecha 20/03/2005

Antonio Cutanda -

GRIAN (Antonio Cutanda) es psicólogo, escritor, comunicador y activista social. Autor del bestseller El jardinero (1996), con 25 ediciones en castellano y traducido a 8 idiomas, es asimismo el fundador y director del Proyecto Avalon - Iniciativa para una Cultura de Paz.

 

John Lennon's Memorial: El símbolo de la paz, hecho con rosas, en torno a la palabra IMAGINE 

John Lennon conocía bien el poder de la imaginación

 

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EL PODER DE LA IMAGINACIÓN

por Grian

Boletín Dar al-Salam, Córdoba, 20 de marzo de 2005

 

Dentro de cada uno de nosotros existe una imagen de lo que será el mundo «perfecto» del futuro. Es un mundo con el que nos atrevemos a soñar más o menos frecuentemente, y que tiene todos los ingredientes que nos parecen esenciales para que los seres humanos podamos ser felices en nuestro planeta. Es un mundo de justicia, de igualdad, de hermandad, bienestar y paz. Un mundo que, para los más pesimistas, jamás existirá; pero, para los optimistas (es decir, para gente como la que colabora o trabaja dentro del Proyecto Avalon), se trata de un mundo que, aunque sabemos que muy posiblemente no lleguemos a verlo, se nos antoja perfectamente posible a largo plazo. Y que nadie nos tache de utópicos, por favor. 

Todos los avances de la humanidad, todos los inventos, todas las teorías o las filosofías que revolucionaron el mundo, todo lo que nos ha liberado lentamente del dolor y la miseria, comenzó existiendo en la imaginación de una o de varias personas. Aquél que «veía» la realidad de aquel avance o invento en su imaginación no dudaba de sus posibilidades de materialización. Sus contemporáneos, sin embargo, le considerarían en la mayoría de los casos un iluso, un idealista utópico que no tenía los pies en el suelo. Pero el tiempo se encargaría a la postre de darle la razón, quizás en vida del mismo soñador o quizás tras su muerte, porque los sueños se transmiten de generación en generación y, más pronto o más tarde, se convierten en realidad. De ahí la importancia de imaginar.

Imaginar no es un ejercicio vano y poco útil, tal como nos han querido hacer creer en un mundo materialista, que no respeta ni da valor a todas aquellas cosas que no se pueden tocar, o medir para su estudio. Imaginar es, según muchos de los más grandes pensadores de todos los tiempos, un acto que nos aproxima a la divinidad, a la esencia del universo, y nos hace participar de ella, por cuanto nos hace creadores —no olvidemos que todo acto de creación comienza en la imaginación. Imaginar es resistirse al desaliento que nos impone la implacable realidad del dolor y la miseria, es negarse a aceptar que otro mundo no sea posible, es fortalecer la determinación de trabajar en pos de esas imágenes mentales anheladas para convertirlas en una realidad palpable y contundente.

Imaginar es, en definitiva, una de las más elevadas funciones de la mente humana, una función que nos convierte en creadores y nos emancipa de todo lo que nos aplasta contra el suelo. No en vano, la voz de la sabiduría humana colectiva se hizo patente en una pared de París durante el mayo francés del 68, en el célebre graffiti que decía: «La imaginación al poder».

Así pues, si queremos crear un nuevo mundo, el camino pasa por imaginar, imaginar mucho y bien, soñar con ese mundo que deseamos sea una realidad. Y así, la imaginación nos irá llevando poco a poco a poner manos a la obra en la construcción de nuestros sueños, y la imaginación colectiva se convertirá algún día en una realidad colectiva, el sueño de tantos seres humanos de buena voluntad que pasaron por nuestro planeta a lo largo de milenios, el sueño de un mundo mejor.

No tengamos reparos en hacer uso de nuestra imaginación. Y no hagamos caso a las voces del pensamiento materialista, que nos dice que eso son fantasías y que hay que ser más «pragmáticos». Los soñadores de un mundo mejor no disponemos de grandes ejércitos ni de ingentes medios económicos, como los «pragmáticos», para cambiar la realidad social (cambios que, a la postre, no cambian nada). Los soñadores de un mundo mejor disponemos de un poder mucho más grande que ésos, un poder que puede tardar más o menos en manifestarse; pero un poder que, inexorablemente, termina por manifestarse y consolidarse: el poder de la imaginación. 

 

 

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