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Autor   Publicado en Proyecto Avalon con fecha 01/05/2005

Antonio Cutanda -

GRIAN (Antonio Cutanda) es psicólogo, escritor, comunicador y activista social. Autor del bestseller El jardinero (1996), con 25 ediciones en castellano y traducido a 8 idiomas, es asimismo el fundador y director del Proyecto Avalon - Iniciativa para una Cultura de Paz.

 

Niños portando la bandera arco iris de la paz en Roma 

Roma 20/03/2004. Manifestación contra la Guerra de Iraq

 

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TRABAJAR POR LA PAZ

por Grian

Boletín Dar al-Salam, Córdoba, 1 de mayo de 2005

 

A la hora de plantearnos en qué puede consistir nuestro trabajo por la paz no podemos sustraernos al marco filosófico de la cultura en la cual nos movemos. 

Desde una perspectiva occidental, basada en una visión mecanicista del universo y en una filosofía materialista donde las únicas realidades o al menos las más dignas de tener en cuenta son las realidades tangibles y visibles, trabajar por la paz debe consistir en un esfuerzo que provoque resultados observables y manifiestos en la sociedad. Sin embargo, desde la perspectiva de otras muchas culturas, tanto de oriente como de algunas culturas antiguas de occidente, más centradas en visiones trascendentales y espirituales, el trabajar por la paz tiene connotaciones más personales e íntimas que pueden no traer su reflejo en la sociedad.

Así pues, ¿cuál puede ser la perspectiva más adecuada a la hora de abordar nuestro trabajo por la paz? 

En la misma actitud de respeto y valoración de todas las culturas podemos encontrar la respuesta, dado que es posible que, combinando enfoques tan dispares, obtengamos una visión globalizadora de nuestro empeño pacificador. 

La visión occidental hará que nuestros esfuerzos busquen una materialización en la sociedad, defendiendo los derechos humanos, promoviendo la justicia social y educando a la sociedad en nuevas formas de relación del ser humano con sus semejantes y con el planeta y la vida que le rodea.

La visión oriental, por su parte, nos permitirá no perder de vista que todo cambio real y profundo debe partir de un cambio personal, íntimo. Si tenemos corazón de lobo, de nada nos va a servir disfrazarnos de cordero.

Pero, dando por válido este doble enfoque de nuestro trabajo por un mundo mejor, quizás convendría indicar que, en occidente, el trabajo por la paz posiblemente deba dar cierta preponderancia a la visión interna oriental, al contrario de lo que quizás sería aconsejable en oriente, donde las consecuciones en justicia social están bastante lejos de ser aceptables. Y lo que puede ser válido para las culturas también lo es en el plano individual. Aquellos que sólo perciben el trabajo por la paz como una labor externa, social, de consecución de libertades y justicia, harían bien en darle un poco más de preponderancia a la consecución de su propia paz interior, a la expansión de su propia consciencia en la dirección de una superación del yo y su integración con el Todo; mientras que los que se entregan exclusivamente a su propio crecimiento interno y dedican poca atención a los problemas sociales harían bien en adoptar una postura más activa en el mundo, en defensa de los más desfavorecidos y de los derechos humanos.

En definitiva, no se trataría de otra cosa que de poner en práctica lo que la sabiduría oriental expresó con el símbolo del Tao, la búsqueda del equilibrio entre el yin y el yang, lo interno y lo externo. Sin ese equilibrio, todo lo que hagamos carecerá de la suficiente solidez y proyección.

Miremos dentro de nosotros mismos dónde se halla el desequilibrio, si estamos orientados en exceso al exterior y estamos descuidando nuestra propia consciencia, o si vivimos demasiado en nuestro propio mundo interno y estamos ignorando la realidad social que nos rodea. A partir de ahí, sabremos en qué sentido orientar nuestro trabajo por la paz en cada momento, siguiendo los ciclos por los que se rige todo en el universo, el día y la noche, el verano y el invierno, la actividad y el reposo, la expansión en el mundo exterior y la concentración en nuestro mundo interno.

Al fin y al cabo, la paz requiere la sabia conciliación de los opuestos. 

 

 

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