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Autora   Publicado en Proyecto Avalon con fecha 15/01/2006

María Prieto

MARÍA PRIETO es psicóloga por la Universidad de Valencia . Miembro fundacional del Proyecto Avalon, en el que trabaja dirigiendo el Departamento Educativo.

 

Gaia: el planeta Tierra 

Gaia: nuestra madre, la Tierra

 

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GAIA: INTRODUCCIÓN AL PROGRAMA EDUCATIVO - LA DIMENSIÓN ECOLÓGICA DE LA PAZ

por María Prieto

Editorial de la website del Proyecto Avalon, Requena, 15 de enero de 2006

 

“Antes de volar ya era consciente de lo pequeño y vulnerable que es nuestro planeta; pero sólo cuando lo vi desde el espacio, en toda su inefable belleza y fragilidad, comprendí que la tarea más urgente de la humanidad es protegerlo y preservarlo para las futuras generaciones” 

Sigmund Jähn, astronauta 

 

A nadie se le escapa que la Tierra, ese hermoso planeta azul que hizo contener el aliento a los astronautas, que asombró sus miradas y conmovió sus almas, está herida. Ese inmenso hogar que nos acoge y nos da la Vida, que nos procura el alimento, que nos proporciona calor y cobijo, está en peligro, sufre la ingratitud de la gran familia humana. 

Lejos del respeto que la Madre Tierra suscitaba entre los antiguos, de la veneración que sentían hacia Gaia, en la actualidad hemos dejado de reverenciarla y tratarla como algo sagrado, como un ser vivo del que formamos parte, como una Gran Inteligencia con la que compartimos destino. Hemos dejado de considerar que nada de lo que le ocurra a ella nos es ajeno, que nuestra propia supervivencia está en juego pues depende del vínculo que establezcamos con ella, que sólo sobreviviremos como especie si somos capaces de entender que “la tierra no pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la tierra”. En palabras del Jefe Indio Seattle (1854): “Todo lo que le ocurra a la Tierra, le ocurrirá a sus hijos. El hombre no tejió la trama de la vida; él es sólo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a sí mismo”. 

Quizá, como señalan los astronautas, tendríamos que contemplar la Tierra desde el espacio, y verla pequeña, frágil, vulnerable, conmovedoramente sola, suspendida en el inmenso vacío, envuelta en un fino halo de color azul, para comprender que nos es querida, que su delicado equilibrio es responsabilidad nuestra, que es nuestro hogar común y que, de establecer un respetuoso diálogo con ella y de caminar juntos en la misma dirección, la Vida seguiría siendo posible y seguiría habiendo un futuro que legar. Contemplar la Tierra desde el espacio significaría una revolución en la manera de concebir las cosas, una experiencia única para cambiar nuestras perspectivas, valores y prioridades, una oportunidad para descubrir quiénes somos y nuestra conexión con todo lo que nos rodea. En un alarde de imaginación, viendo la realidad con otros ojos, situándonos por encima de nuestros dramas y miserias, elevando nuestra consciencia, cambiando nuestras percepciones, desde una perspectiva holista y global, podemos desarrollar nuevas actitudes, comportamientos y estilos de vida más acordes y respetuosos con el planeta y sus necesidades. 

Desde el Proyecto Ávalon queremos contribuir a consolidar en nuestra sociedad una nueva cultura medioambiental, hacer un llamamiento a la esperanza y el compromiso, propiciar el respeto a la Naturaleza y la solidaridad con la gran familia de seres vivos, porque estamos convencidos de la urgencia de poner en práctica una ética distinta basada en la cooperación y no en la dominación o explotación de los recursos, en la responsabilidad de compartir y no en la codicia de poseer, en la simplicidad y no en el derroche y consumo masivo o en el crecimiento económico desmesurado e ilimitado..., porque sabemos de lo mucho que podemos hacer si aunamos esfuerzos y voluntades, si movilizamos conciencias, si nos implicamos en repensar la civilización que hemos levantado. Creemos que para preparar un porvenir mejor habrá que vivir el presente de otra manera, si queremos construir un futuro digno para las nuevas generaciones, y dibujar un horizonte de esperanza, prometedor para nuestros hijos tendremos que aprender a vivir conforme a unos principios más verdes y ecologistas y a actuar conforme a criterios de respeto y solidaridad, de justicia y equidad. Todos y cada uno estamos llamados a realizar esfuerzos para restañar las heridas que el ser humano está infligiendo a la Tierra, a llevar una vida más austera, a preservar al planeta de los abusos y perjuicios a que lo estamos sometiendo a diario (muchas veces desde la inconsciencia), a realizar pequeños gestos que lo salven de la destrucción, a poner ecología en nuestra vida, a actuar en armonía con la Naturaleza y a participar en la gran obra de la creación. 

Ante la actual crisis ecológica y medioambiental a la que, muchas veces, asistimos impasibles como si no nos afectara, cabe preguntarse ¿qué mundo vamos a dejar a nuestros hijos, qué legado heredarán las futuras generaciones? La respuesta nos viene de la mano de un viejo proverbio indio: “El mundo que tenemos hoy no nos ha sido entregado por nuestros padres, sino que es un préstamo de nuestros hijos”. Quizá nos ayude a recapacitar, a tomar conciencia, a modificar nuestro estilo de vida porque no nos está permitido arruinar la vida o arrebatarles el futuro a nuestros hijos. 

En este trimestre, dedicado a la dimensión ecológica de la paz, el Proyecto Ávalon apuesta por la Vida, se solidariza con el planeta, se compromete con la esperanza. Hoy más que nunca su color es el verde, el pensamiento ecológico, unos principios éticos que impulsen una nueva cultura. Una nueva conciencia, un nuevo pensamiento, una nueva sensibilidad, una nueva cultura no se puede improvisar; nace del corazón, del convencimiento, de la generosidad, del esfuerzo, de la amplitud de miras y sólo desde aquí se irradia hacia fuera; se construye dentro y se le da forma material en el día a día de nuestras vidas. Es por eso que en este programa educativo que hemos diseñado para este trimestre se contempla la formación a dos niveles: por un lado, educar en una nueva visión de la Vida sobre la Tierra, difundir un nuevo paradigma , un nuevo enfoque de la realidad, una nueva concepción del mundo más profunda, global e integradora; por otro lado, proponer fórmulas, acciones concretas, sencillas, a nuestro alcance para salvar el planeta, para cuidar lo que es de todos, lo que es nuestro, para preservar la Vida, para respetar los derechos que emanan de la Tierra. 

Si todos y cada uno de nosotros, ciudadanos conscientes y responsables, comprometidos en trabajar por la paz, aunamos nuestros esfuerzos y realizamos pequeños gestos solidarios, cooperamos entre nosotros y con el planeta persiguiendo los mismos fines, interactuamos para cumplir un destino común, nos embarcamos en el mismo viaje, nos sentimos unidos a la Vida en todas sus manifestaciones, reconocemos que somos también el aire, el agua, la tierra..., la sociedad dará el giro definitivo que permita la transformación necesaria para parar la sinrazón en que todavía nos hallamos inmersos. Pero como dice E. F. Schumacher, autor de “Lo pequeño es hermoso” y profeta del movimiento ecologista: “En vez de preguntarnos si podremos o no salvar al mundo, es preferible que demos la espalda a tales perplejidades y NOS PONGAMOS A TRABAJAR”. 

La respuesta, esta vez, no está flotando en el viento. EL MUNDO ESTÁ EN NUESTRAS MANOS.  

 

 

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