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Autora   Publicado en Proyecto Avalon con fecha 05/09/2006

María Prieto

MARÍA PRIETO es psicóloga por la Universidad de Valencia . Miembro fundacional del Proyecto Avalon, en el que trabaja dirigiendo el Departamento Educativo.

 

Una mariposa de cola de golondrina se posa sobre una mano 

La metamorfosis de la mariposa

 

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LA LECCIÓN DE LA MARIPOSA

por María Prieto

Boletín Dar al-Salam, Requena, 5 de septiembre de 2006

 

La Naturaleza siempre nos ofrece oportunidades de aprendizaje, lecciones de vida que podemos aplicar en nuestras vidas cotidianas. Tan sólo hay que estar atentos, abrir los corazones y dejar que su mensaje nos cale dentro. Y digo esto porque, a la hora de iniciar la nueva andadura del Proyecto Ávalon por lo que respecta a su programa educativo (que se extenderá desde Septiembre 2006 a Junio 2007), me ha venido a la memoria una y otra vez un breve relato que escuché hace tiempo en relación a cómo la mariposa escapa de su capullo sonrosado, abre sus alas y las extiende para alzar el vuelo en pos de nuevos horizontes y realidades. 

No he podido resistir la tentación de compartir con todos vosotros esta parábola cuya imagen y enseñanza ilustra a la perfección el momento y estado en que se encuentra nuestro proyecto, nuestra mariposa de la paz. 

Cuentan que un día un hombre se sentó a observar el capullo que una oruga tejió a lo largo de infinitas noches de silencio y soledad. Durante varias horas se dedicó a ver cómo la mariposa se esforzaba en salir a través del pequeño agujero que había abierto, no sin sacrificio. Llegó un momento en que parecía que la mariposa, a pesar de su esfuerzo, no avanzaba nada, que sería incapaz de dar un paso más, que se rendiría y dejaría de intentarlo, que cedería al impulso de renunciar a su propósito de elevarse hacia la luz, que paralizaría su proceso en aras de la comodidad o buscaría senderos más fáciles. 

El hombre, ante la posibilidad de que la mariposa no saliera, decidió ayudarla agrandando el orificio por donde debía salir. Por supuesto, la mariposa salió sin dificultad. Pero su cuerpo estaba débil, las alas no se habían desarrollado lo suficiente ni estaban preparadas para alzar el vuelo, y las patitas no la sostenían. Lejos de emprender el vuelo, la mariposa pasó toda su vida arrastrándose por el suelo, incapaz de remontar sus alas El hombre, con toda su buena voluntad, le evitó los grandes esfuerzos que debía realizar, pero le impidió fortalecerse internamente, desarrollar todos sus jugos vitales, sostenerse sobre sí misma, afianzar todas las partes de su cuerpo. Con su impaciencia logró lo contrario de lo que pretendía. Y es que la Naturaleza es sabia; procura en todo momento aquello que necesitamos o nos conviene, no siempre lo que deseamos o en el momento que lo deseamos. 

La Vida, en su conjunto, obedece a leyes internas y procesos que no siempre entendemos, pero que actúan en lo más profundo, materializándose en el momento más oportuno y de la forma más propicia. Parafraseando una célebre frase: “La Vida (el corazón) tiene razones que la Razón no entiende”. Por mucho que nos asusten la dificultad y el esfuerzo, son absolutamente necesarios en nuestra vida; por muchos deseos que sintamos de facilitar las cosas, de acelerar un proceso, de ayudar en la consecución de un objetivo, todo requiere su tiempo y su energía. Si lo que queremos, de verdad, es un desarrollo pleno de todas nuestras facultades, un despliegue total de nuestro potencial físico, anímico, mental y espiritual (abrir las alas de par en par para que nos permitan volar) tendremos que hacer acopio de fuerzas, tendremos que prepararnos, tendremos que insistir y que trabajar duro hasta llegar a romper el caparazón que nos aprisiona, hecho de miedos y prejuicios, sin esperar que nada ni nadie nos ayude a escapar de él, salvo nuestro coraje y determinación. 

Quizá, con esta parábola, entendamos muchas cosas. 

Por lo que respecta al Proyecto Ávalon, si dejamos nuestra impaciencia y preocupación a un lado, si abandonamos, por unos instantes, nuestros conceptos mentales, nuestras expectativas y deseos, los programas que nos condicionan, nuestra manera limitada de ver el mundo, entenderemos que la mariposa de nuestro proyecto está donde debe de estar, fortaleciéndose, consolidándose, buscándose a sí misma, afianzándose con cada paso que da, haciendo acopio de coraje y determinación para agrandar la abertura por donde, felizmente, estallará un día para explorar nuevos horizontes. Y conviene recordar, llegados a este punto, que la mariposa somos todos y cada uno de nosotros. Y que se nutre de nuestra comprensión, de nuestro apoyo incondicional, de nuestra fe inquebrantable; que se alimenta con nuestra energía y nuestro esfuerzo; que se fortalece con nuestro compromiso sincero, con nuestra entrega desinteresada y nuestra generosidad de espíritu. El Proyecto necesita de nuestra disponibilidad y responsabilidad para hacerlo crecer y madurar. No permitamos que nuestra impaciencia por llegar a ver la hermosa mariposa en que un día se convertirá nos lleve a debilitar o cortar sus alas. 

Corren vientos de transformación. La metáfora de la mariposa nos lo recuerda. Pero cualquier metamorfosis o nacimiento a una nueva dimensión no está exenta de riesgos. Contribuyamos con nuestras actitudes a convertir las dificultades en peldaños, los obstáculos en oportunidades, los problemas y crisis inevitables en aprendizajes y lecciones vitales. Sólo desde esta disposición de ánimo, el Proyecto Ávalon alzará el vuelo. Y será una conquista de todos.   

 

 

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