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Autor   Publicado en Proyecto Avalon con fecha 18/09/2006

Albert Ellis

ALBERT ELLIS es uno de los grandes psicólogos del siglo XX, creador de la Terapia Racional Emotiva Conductual, uno de los sistemas de psicoterapia más efectivos, y autor de decenas de libros y artículos científicos .

 

Instante en el que se estrella el segundo avión contra las Torres Gemelas de Nueva York 

Cómo superar el impacto de una escena tan trágica

 

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CÓMO ABORDAR EL 11-S DE UNA FORMA RACIONAL

por Albert Ellis

Poco después del 11-S, el Dr. Albert Ellis (neoyorquino de pro) tuvo la valentía de publicar este artículo en medio de la ola de furia y patriotismo del pueblo americano

 

Deténgase a pensar un momento. No es éste un mal consejo para cualquiera que esté tratando de asimilar la situación con posterioridad a los ataques sobre Nueva York del 11 de Septiembre, así como sus potenciales implicaciones a largo plazo. Pero muchos estarán de acuerdo en que no es éste un momento en el cual resulte fácil ser desapasionado, racional o razonable. Al contrario, las acciones de los terroristas, el entorno de George Bush e innumerables facciones en todo el mundo que han respondido ruidosamente con diversidad de opiniones ante los acontecimientos, todos ellos rebosan de irracionalidad. Quién mejor para enderezar el pensamiento que Albert Ellis, el creador de la Terapia Racional Emotiva Conductual (TREC). Para todo aquél que desee saber cómo afrontar esta situación, Albert Ellis ofrece este cuadro de racionalidad. 

 


 

Entre las creencias irracionales y los «deberías» que se le cruzan en su camino están probablemente: 

1.     «Yo necesariamente debería ser capaz de elaborar una forma de impedir a los terroristas que se comporten de un modo tan brutal, asesinando y mutilando a tantas personas, y debe haber algo muy débil e inútil en mí cuando no puedo encontrar una forma de detener este tipo de terrorismo». 

2.     «Los terroristas y los que les apoyan han perpetrado algunas de las peores acciones imaginables; esto les convierte en personas completamente despreciables que deberían ser absolutamente exterminadas, y con rapidez, dado que sólo matándolos a todos se impedirá que estas cosas vuelvan a suceder». 

3.     «El mundo está lleno de violencia y de terrorismo cruel, lo cual lo convierte en un lugar totalmente despreciable. No puedo seguir viviendo en este mundo y ser feliz». 

Estas ideas son irracionales porque, como observó Alfred Korzybski, no son realistas ni lógicas, son sobregeneralizaciones «malsanas» de las personas. En mi libro Razón y Emoción en Psicoterapia (1962), comentaba que estas tres creencias, y muchos deberías y tendrías absolutistas similares, le llevan a usted (y a muchísimas personas más) no sólo a entristecerse y a disgustarse con el abominable comportamiento de los terroristas, sino también a abrumarse con el pánico, la ira y la depresión. Así, la primera de estas creencias irracionales le llevará a aborrecer por completo su yo, su persona, y no sólo a deplorar su debilidad y incapacidad para detener el terrorismo. La segunda de estas creencias irracionales le hará despreciar absolutamente a los terroristas (y a todas las demás personas que cometen actos crueles) y a consumirse de ira. La tercera de estas creencias irracionales le deprimirá y le desesperanzará ante el estado presente y futuro del mundo, y le llevará a pensar obsesivamente en el suicidio (y quizás a perpetrarlo). 

Curiosamente, estos tres deberías y tendrías que frustran los propios objetivos son, con toda probabilidad, muy similares a los que sostenían los terroristas del 11 de Septiembre de 2001, que insensatamente se mataron a sí mismos y asesinaron a miles de personas inocentes por lo que consideraban una santa cruzada. En primer lugar, se veían impotentes para detener a Estados Unidos en el «cruel» apoyo que presta a sus enemigos, y de ahí que pensaran que tenían que castigar necesariamente a los Estados Unidos para demostrarse que eran personas capaces y dignas. En segundo lugar, creían firmemente que los norteamericanos no debían oponerse en absoluto a sus posiciones, y que todos los norteamericanos son unos completos demonios que merecen ser barridos de la faz de la Tierra. En tercer lugar, se convencieron dogmáticamente de que no vale la pena vivir e intentar ser feliz en un mundo tan malvado, y de ahí que, matando a los infieles, buscaran la vida eterna y dichosa. Así, con estas creencias malsanas, se mataron fervorosamente, llevándose por delante a una multitud de personas inocentes. 

Si usted y el resto de los norteamericanos y de los ciudadanos del mundo siguen reforzando sus propias creencias irracionales, montarán en cólera contra los terroristas y los que les apoyan y, en el proceso, probablemente los animarán a incrementar su furia contra los norteamericanos y contra otros pueblos que se les oponen, y se fomentarán las represalias, las de ellos y las nuestras, hasta que el ciclo de represalias precipite una guerra mundial y, posiblemente, el fin de nuestro planeta. Como vienen diciendo tanto el saber popular como la historia moderna, el amor engendra amor, y el odio y la violencia engendran más odio y más violencia... ¡hasta el punto de no ver el final! 

Usted pregunta cómo podría ayudarle la TREC a usted y a otros para afrontar los trágicos acontecimientos del 11 de Septiembre, pero esa pregunta exige una larga respuesta, que sólo puedo resumir aquí brevemente. 

En primer lugar, usted puede utilizar la TREC para instruirse a sí mismo, y a los demás, en la aceptación incondicional de sí mismo. Es decir, usted se acepta a sí mismo plenamente, con todos sus defectos y sus imperfecciones, al tiempo que desestima de todo corazón y hace todo lo posible por cambiar sus propios comportamientos derrotistas y su mal proceder contra los demás. 

En segundo lugar, puede utilizar la TREC para aceptar incondicionalmente a todos los demás como personas, no importa lo mal que hayan actuado. Evidentemente, usted puede intentar inducirles de diversas formas a cambiar sus pensamientos, sentimientos y acciones inmorales. En términos cristianos, usted acepta incondicionalmente a todos los pecadores, pero no a sus pecados. En última instancia, algunos comportamientos pueden requerir sanciones o el encarcelamiento de esas personas. 

En tercer lugar, usted acepta incondicionalmente la vida, con todos sus problemas e inmensas dificultades, y se instruye a sí mismo para desarrollar una alta tolerancia a la frustración. Como decía Reinhold Niebuhr, usted se esfuerza por cambiar los infortunios que puede cambiar, por aceptar (aunque no le guste) todo lo que no puede cambiar y por tener la sabiduría de reconocer la diferencia. 

Si usted alcanza en buena medida estas tres filosofías de la TREC, a saber, aceptación incondicional de sí mismo, aceptación incondicional de los demás y aceptación incondicional de la vida, ¿será usted capaz de convencer a los terroristas para que cambien sus orientaciones fanáticas y absolutistas? No exactamente. Pero podrá afrontar mucho mejor el terrorismo, podrá ayudar a los demás a afrontarlo y ofrecerá un modelo de comportamiento que, si lo potencia con fuerza para que se siga en todo el mundo, reducirá con el tiempo el terrorismo hasta un mínimo. Esto puede llevar muchos años, y va a precisar de unos esfuerzos educativos inmensos y persistentes por parte de usted y de otras personas que propugnan soluciones pacíficas y cooperativas, en lugar de «soluciones» destructivas y de odio, ante graves problemas nacionales e internacionales. Si nosotros no trabajamos sobre nuestro propio sistema de creencias para generar este empeño a largo plazo, lo único que conseguiremos será revitalizar el terrorismo durante décadas, y quizás durante siglos. ¿Está usted dispuesto a seguir trabajando sin desmayo en las recomendaciones de la TREC por la propia paz, por la paz para los demás y por la paz en el mundo? Si es así, quizás pueda ayudar a las personas de buena voluntad a pensar, planificar y construir respuestas definitivas al terrorismo y a otros muchos graves problemas del mundo.  

 

 

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