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Autor   Publicado en Proyecto Avalon con fecha 15/02/2007

Antonio Cutanda -

GRIAN (Antonio Cutanda) es psicólogo, escritor, comunicador y activista social. Autor del bestseller El jardinero (1996), con 25 ediciones en castellano y traducido a 8 idiomas, es asimismo el fundador y director del Proyecto Avalon - Iniciativa para una Cultura de Paz.

 

Mansur Escudero, presidente de la Junta Islámica, haciendo sus oraciones ante la mezquita-catedral de Córdoba 

Mansur Escudero, presidente de la Junta Islámica, haciendo sus oraciones ante la mezquita-catedral de Córdoba

 

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POR LA RECONCILIACIÓN, POR UN DIÁLOGO INTERRELIGIOSO AUTÉNTICO Y PERMANENTE

por Grian

Editorial de la website del Proyecto Avalon, Requena, 15 de febrero de 2007 

En el Proyecto Ávalon somos conscientes de la enorme polémica creada en la sociedad cordobesa ante la propuesta de oración interreligiosa del día 1 de Febrero; y nos resulta sumamente dolorosa la incomprensión con la que nuestra propuesta de oración ha sido recibida. La inmensa mayoría de la opinión pública desconoce los términos exactos de nuestra propuesta que, al parecer, ni siquiera se ha leído, y se ha quedado únicamente con los titulares, equivocados por cierto, de una supuesta petición de «uso compartido» de la mezquita-catedral de Córdoba entre cristianos católicos y musulmanes.

Desde el Proyecto Ávalon hemos de dejar bien claro que no es ésa la petición que hemos apoyado. Lo que la Junta Islámica le proponía al Papa en la carta hecha pública por esta entidad era que se estudiase la posibilidad de que la mezquita-catedral de Córdoba, siendo Patrimonio de la Humanidad, pudiera ser, además de templo católico, lugar de oración, a título personal, individual, en el que cualquier persona de esa Humanidad pudiera entregarse a su oración. En todo momento dejábamos claro que la potestad del templo debía seguir siendo exclusivamente, y como justo era, del Obispado de Córdoba. En todo momento dejábamos clara nuestra aceptación de que las únicas ceremonias y rituales celebrados serían los de la Iglesia Católica. Sólo se contemplaba positivamente la posibilidad de que la Iglesia Católica, a través del obispado de Córdoba, pudiera tener el magnánimo gesto, reconciliador y generoso, de no impedir la oración individual a ninguna persona que entrara en el recinto del templo.

Tras los magníficos gestos de reconciliación llevados a cabo por los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI en Asís y en la Mezquita Azul de Estambul, pensábamos que no era descabellada la posibilidad de que se contemplase una idea como ésta, un gesto más de acercamiento entre religiones, un grandioso símbolo de paz que la Iglesia Católica podría ofrecer al mundo en unos tiempos que ven resurgir las guerras de religión que se promueven desde los sectores más fanáticos e intolerantes de ambos mundos. De cualquier modo, con el desarrollo de los acontecimientos se nos ha hecho claro que esta petición es utópica si no se da previamente un auténtico diálogo interreligioso, que esta petición pierde relevancia y trascendencia ante un problema que se nos antoja ciertamente grave: el del fracaso del diálogo interreligioso.

Los gestos de los grandes líderes religiosos y los encuentros entre representantes de distintas religiones que se vienen dando de unos años a esta parte se convierten en papel mojado, en brindis al sol, si, cuando aparece el conflicto, no se intenta resolver y suavizar a través del diálogo. En estos casos, no existen vías de comunicación directas entre los representantes religiosos, y el único y débil diálogo se establece sobre la base de comunicados oficiales, públicos, que lo único que hacen es dar pábulo a la polémica y a los malentendidos entre los medios de comunicación y la opinión pública... cuando el único diálogo fructífero y conciliador es el que se establece cara a cara, mirándose a los ojos, de ser humano a ser humano, sin la preocupación de lo que se pueda pensar en «la galería».

La polémica suscitada en torno a la petición de la Junta Islámica del permiso para la oración individual en la mezquita-catedral de Córdoba para cualquier ser humano, sea cual sea su religión, ha puesto de manifiesto que se precisa un esfuerzo adicional en el diálogo entre religiones. Se hace necesario ir más allá de los encuentros ocasionales y de los gestos de reconciliación que, por útiles y valiosos que puedan ser, son insuficientes ante las tendencias que comienzan a observarse en las sociedades europeas, donde tensiones crecientes amenazan con radicalizar posturas entre fieles de uno y otro lado antes moderados y tolerantes. Se hace necesario el establecimiento de un diálogo interreligioso permanente, con agendas de reuniones y de conversaciones entre sus representantes; agendas con fechas y temas a tratar. Porque sólo perdiéndonos el miedo, y encontrándonos en un clima de confianza y hermandad, podremos avanzar y dar soluciones a este problema.

Y consideramos que este esfuerzo por potenciar el diálogo es urgente. Las sucesivas oleadas de emigrantes nos sitúan ante un hecho insoslayable: que cristianos y musulmanes vamos a tener que coexistir durante mucho tiempo en Europa, guste o no la idea. Y, si queremos evitar un clima social enrarecido con fobias y discriminaciones, con malestar social e incluso enfrentamientos violentos, convendrá que los representantes de ambas religiones, los más moderados y tolerantes, inicien conversaciones regulares con el fin de aliviar la situación y de favorecer el encuentro pacífico y fraterno entre sus fieles. Es ésta una responsabilidad que no pueden eludir, y que el resto de la sociedad, las administraciones y las organizaciones sociales deben favorecer y alentar.

Es aquí donde se encuadra el trabajo del Proyecto Ávalon, si bien nuestro esfuerzo se ha malinterpretado y se ha juzgado con severidad. Hemos intentado actuar desde las tesis de mediación del Tercer Lado, de William Ury, antropólogo y mediador que trabajó para el Departamento de Estado de los Estados Unidos y para el parlamento ruso en temas de negociación, mediación y pacificación. William Ury dice en su libro Alcanzar la paz:

“El tercer lado implica una nueva responsabilidad. Significa que cada persona, organización y nación es responsable por los conflictos que tienen lugar a su alrededor. (...) Asumir el papel del tercer lado no es una responsabilidad sencilla. Lleva tiempo y consume energías. Quienes lo hacen pueden ser criticados por una o ambas partes, acusados de 'interferir' o 'entrometerse'. En nuestras sociedades, el pensamiento convencional afirma que el conflicto tiene dos lados: esposo contra esposa, sindicato contra empleados, árabes contra israelíes. La introducción de un tercero constituye casi una excepción, una aberración, como si alguien se entrometiera en los asuntos de otro. Tendemos a olvidar lo que las sociedades más simples de la Tierra saben desde hace mucho tiempo: que todo conflicto tiene, en realidad, tres lados. Ninguna disputa se produce en el vacío. Siempre hay otros alrededor. Todo conflicto se produce en el seno de una comunidad que constituye «el tercer lado» de cualquier disputa.”

Y William Ury sostiene que los conflictos entre los dos lados en conflicto se diluyen "hablando, hablando y hablando" en el seno de ese Tercer Lado.

Ésa ha sido nuestra pretensión desde un primer momento, y hemos estado buscando vías de comunicación entre el Obispado de Córdoba y la Junta Islámica, a despecho de lo que pudieran decir de nosotros en algunos medios de comunicación y en la opinión pública. Y seguiremos intentando establecer un puente en medio de esta polémica, desde ese Tercer Lado, para que las oraciones propuestas sean oraciones de verdadera hermandad entre religiones.

Quienes vieron en esta oración una provocación parecen desconocer el sentido que tiene la oración desde la verdadera experiencia espiritual. La oración no es ni puede ser un arma de provocación, del mismo modo que una caricia en el rostro no puede entenderse jamás como una agresión. Desde la experiencia espiritual de cualquier tradición religiosa, la oración es un acto íntimo del corazón que no entiende de desavenencias ni de enfrentamientos, sino de paz y hermandad; si no, dejaría de ser oración. Una provocación habría sido organizar una concentración ciudadana de protesta, no una oración.

Dada la actual situación, y a la vista de la inexistencia de vías de comunicación eficaces entre los líderes religiosos para fomentar un diálogo permanente, capaz de resolver los conflictos que puedan aparecer, sugerimos (que no "exigimos" ni "reivindicamos") que se den los pasos necesarios para establecer un diálogo interreligioso auténtico, principalmente entre las autoridades católicas y las musulmanas (entre los sectores más moderados y tolerantes), sobre la base del consenso de unas agendas de trabajo.

A tal efecto, la oración que el Proyecto Ávalon organizó el pasado 1 de Febrero, tuvo por lema: «Por La Reconciliación: Por un Diálogo Interreligioso Auténtico y Permanente». Y, con el fin de favorecer la distensión, se desestimó la presencia de representantes religiosos de cualquier otra religión, salvo la católica, en orden a evitar más malentendidos. La oración, así pues, se realizó con fieles «de base» de diversas religiones (budistas, cristianos y musulmanes)

La Junta Islámica para favorecer el diálogo, no acudió a esta oración, aceptando de buen grado realizar otros gestos de distensión, entre los cuales se encuentra el de renunciar, mientras tanto, a su propuesta de oración individual interreligiosa en la mezquita-catedral. Pero, con el fin de darle a esta iniciativa un mayor alcance, y de ofrecer gestos de reconciliación inequívocos, la Junta Islámica se ha comprometido con la Fundación Ávalon a realizar una segunda oración interreligiosa similar, el día 1 de Marzo, en el interior una mezquita musulmana abierta al culto. También se está concretando la celebración de una tercera oración por un diálogo interreligioso auténtico y permanente, el día 1 de Abril, esta vez a invitación de la comunidad judía, probablemente en una sinagoga de Barcelona.

Desde el Proyecto Ávalon – Iniciativa para una Cultura de Paz seguiremos trabajando por el entendimiento y el encuentro entre las comunidades y los representantes religiosos cristianos y musulmanes, se comprendan nuestras propuestas e iniciativas o no se comprendan, aunque se nos tache de lo que no somos desde la opinión pública o desde determinados medios de comunicación. Y todo esto porque entendemos que, en temas de pacificación social, conviene prevenir antes que curar, antes que los conflictos lleguen a los ciudadanos de la calle. No podemos detenernos, ni desentendernos, ante el temor a lo que diga la opinión pública pues más importante que todo esto es impedir que los conflictos se agraven y se enquisten, transmitiéndose poco a poco a la población en general. Las nuevas guerras de religión amenazan con desestabilizar profundamente las sociedades europeas y dividirlas por cuestiones religiosas, pues, como dijo Blaise Pascal, filósofo, matemático y físico francés del siglo XVII, «Los hombres nunca hacen tanto mal, y con tanto entusiasmo, como cuando lo hacen por convicciones religiosas».  

 

 

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