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Autor   Publicado en Proyecto Avalon con fecha 25/04/2007

Antonio Cutanda -

GRIAN (Antonio Cutanda) es psicólogo, escritor, comunicador y activista social. Autor del bestseller El jardinero (1996), con 25 ediciones en castellano y traducido a 8 idiomas, es asimismo el fundador y director del Proyecto Avalon - Iniciativa para una Cultura de Paz.

 

Oración interreligiosa ante la mezquita-catedral de Córdoba organizada por el Proyecto Avalon el 1 de febrero de 2007 

Oración interreligiosa ante la mezquita-catedral de Córdoba organizada por el Proyecto Avalon el 1 de febrero de 2007

 

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"PARA TODAS LAS GENTES"

por Grian

Editorial de la website del Proyecto Avalon, Requena, 25 de abril de 2007 

Hace escasamente tres meses, el Proyecto Ávalon se vio envuelto en una agria polémica. El apoyo que prestáramos a la propuesta de la Junta Islámica de hacer de la mezquita-catedral de Córdoba (declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad) un templo abierto donde cualquier ser humano, sea cual sea su religión, pudiera hacer oración a título individual, se entendió erróneamente como una toma de posición junto a uno de dos bandos enfrentados: la Junta Islámica y el Obispado de Córdoba.

Nuestras aclaraciones y nuestros intentos de mediación se desoyeron, y tampoco obtuvieron respuesta las cartas que dirigimos al obispo de Córdoba, Don Juan José Asenjo, verdaderos ruegos en los que le pedíamos que encabezara la oración interreligiosa convocada para el día 1 de Febrero frente a la mezquita-catedral, sugiriéndole que invitara a entrar a los participantes en el recinto sagrado. Posteriormente, intentando crear una situación propicia para el diálogo entre el Obispado y La Junta Islámica, le propusimos a esta última que aparcara momentáneamente su propuesta y que hiciera verdaderos gestos de distensión, cosa a la que accedieron. Pero, por desgracia, el Obispado de Córdoba desestimó tanto nuestros ruegos como los gestos de la Junta Islámica.

A la vista de que el pretendido diálogo interreligioso se está limitando a unos cuantos encuentros anuales entre grandes líderes religiosos, más dirigidos a los medios de comunicación que al hecho de establecer un diálogo profundo y fructífero, y constatando que no existe un verdadero diálogo cuando realmente se hace necesario, es decir, ante situaciones conflictivas, el Proyecto Ávalon, sin dejar de apoyar la hermosa y fraterna propuesta de la Junta Islámica, cambió el objetivo y el lema de la oración interreligiosa del 1 de Febrero, para pedir un diálogo interreligioso auténtico y permanente entre los líderes espirituales, con agenda de fechas y temas a tratar. Con ello, estamos convencidos, se evitarían muchos conflictos y se darían pasos ejemplarizantes hacia el encuentro entre los fieles de religiones enfrentadas durante siglos. Con ello, en definitiva, estaríamos dando pasos hacia la paz.

Por desgracia, el Obispado de Córdoba no aceptó la sugerencia, emitiendo un comunicado en el que se desmarcaba de la oración del día 1 de Febrero, desconfiando de la invitación, por si «detrás pudiera haber alguna otra intencionalidad», y rechazando una vez más la propuesta de permitir la oración, a título individual, dentro de la mezquita-catedral, a personas de otras confesiones, esgrimiendo el dicho popular de «cada uno en su casa, y Dios en la de todos».

Lamentable respuesta la del Obispado de Córdoba, que recurría a dichos populares que fomentan la separación y el distanciamiento, cuando más a mano, en las propias Escrituras, podrían haber encontrado mucha más inspiración. Como en el Evangelio de Marcos, capítulo 11, versículo 17, donde el mismo Cristo dice: «¿No está escrito: Mi Casa será llamada Casa de oración para todas las gentes

Aún con todo, el Proyecto Ávalon siguió adelante con la oración ante la mezquita-catedral del 1 de Febrero, bajo el lema, «Por la reconciliación. Por un diálogo interreligioso auténtico y permanente», y evitando congregar a más personas de las estrictamente necesarias, para que no se entendiera como una posición de fuerza sino, simplemente, para hacer patente el gesto que se pretendía.

La tarde del día 1 nos reunimos frente a la Puerta del Perdón de la mezquita-catedral de Córdoba 11 personas, cristianos, budistas y musulmanes, con rosas blancas en las manos como símbolo de paz y de reconciliación; y, tras diez minutos de oración (y ante el «marcaje» de un grupo de skin-heads), pusimos las rosas junto a la Puerta del Perdón, tendiendo la mano, aun con todo, al Obispado de Córdoba.

Pero el Cielo (Dios, la Vida, el Ser, cada uno le llame como considere mejor) tiene formas extrañas de conceder sus bendiciones y, casualmente, ese mismo día, el día en que se hacía la oración frente a la mezquita-catedral, el propio Papa Benedicto XVI emitía un comunicado que venía a dar un espaldarazo a nuestra iniciativa. En este comunicado, el Papa decía:

 

«Judíos, cristianos y musulmanes estamos llamados a reconocer y a desarrollar los lazos que nos unen… con el fin de dar un nuevo impulso al diálogo interreligioso e intercultural, mediante la búsqueda común y la difusión de aquello que en nuestros patrimonios espirituales respectivos contribuye a reforzar los lazos fraternales entre nuestras comunidades de creyentes. (…) La relectura y, para algunos, el descubrimiento de los textos que son sagrados para tantas personas nos obligan al respeto mutuo, en el diálogo confiado. Los hombres de hoy esperan de nosotros un mensaje de concordia y de serenidad, y la manifestación concreta de nuestra voluntad común de ayudarles a realizar su aspiración legítima a vivir en la justicia y en la paz.

»Con todos los hombres de buena voluntad —continuaba el Papa—, aspiramos a la paz. Por eso, repito con insistencia: la búsqueda y el diálogo interreligioso e intercultural no son una opción, sino una necesidad vital para nuestro tiempo

Hemos guardado silencio desde este día, pero no hemos estado ociosos. Como ya anunciáramos en su momento, pretendemos seguir realizando oraciones interreligiosas por un diálogo auténtico y permanente, en definitiva, por la paz. Y otra vez nos ponemos en marcha para realizar una nueva oración, esta vez en una sinagoga de Barcelona, con la inestimable ayuda del rabino Rubén Sternschein, profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén.

Esperemos que este gesto, y otros gestos similares que iremos desgranando con el tiempo, desmientan definitivamente la idea que algunos medios de comunicación afines al Obispado de Córdoba lanzaron cuando hablaron del Proyecto Ávalon como de una «organización musulmana».

Remedando frases de antiguas paranoias, no nos paga el oro de Moscú (en este caso, de Ryad). Somos una ONG pequeña y con escasos recursos económicos, integrada por cristianos, judíos, musulmanes, budistas y ateos (sí, ateos también), todos ellos dispuestos a convivir en hermandad y a transmitir esta hermandad a su alrededor. Nos sabemos vulnerables y pequeños, y sabemos que frente a nosotros pueden alzarse unos medios de comunicación y un poder ante los cuales no podríamos hacer gran cosa (al menos, gran cosa visible). Pero, como ya indicara Gandhi, cuando se esgrime satyagraha, la fuerza del alma, la fuerza de la verdad, se plantan unas semillas que, más pronto o más tarde, derribarán los recios muros de la incomprensión y la separación, de los intereses creados y los poderes temporales.

Nos gustaría poder contar con los representantes religiosos, con las jerarquías de las distintas religiones, en este trabajo de hermandad y de paz. Pero si, como ocurrió en Córdoba, los intereses personales o institucionales, esos intereses temporales (que no espirituales) que atraviesan los siglos en unas y otras religiones, les impiden colaborar en la creación de una verdadera hermandad entre religiones y creencias, no dejaremos por ello de hacer nuestro pequeño trabajo de siembra reuniendo a los «fieles de base» de las distintas religiones, a las personas de verdadera buena voluntad que ponen el amor y la hermandad por encima de sus propias creencias, que viven el espíritu de su religión por encima de la letra, de los dogmas y de las condenas.

Al fin y al cabo, estaremos trabajando por esa «necesidad vital de nuestro tiempo» de la que habla el Papa.

   

 

 

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