Proyecto Avalon - Artículos de opinión

Apoya nuestro trabajo con una                Recibe nuestra Newsletter 

Autor   Publicado en Proyecto Avalon con fecha 08/01/2009

Antonio Cutanda -

GRIAN (Antonio Cutanda) es psicólogo, escritor, comunicador y activista social. Autor del bestseller El jardinero (1996), con 25 ediciones en castellano y traducido a 8 idiomas, es asimismo el fundador y director del Proyecto Avalon - Iniciativa para una Cultura de Paz.

 

Bajo la nieve, una casa en el bosque 

La casa del autor del artículo, en el paisaje nevado del Montseny

 

Únete al Proyecto Avalon. Clica aquí e infórmate

Clica aquí

 

SÍGUENOS

en Twitter, Facebook y You Tube

twitter facebook youtube

 

UNA VEZ MÁS...

por Grian

Editorial de la website del Proyecto Avalon. Montseny, 8 de enero de 2009

Cae la nieve tras la ventana, plácidamente; mientras el pequeño rincón del bosque donde vivo se va cubriendo con una suave y regia capa, sumido en el silencio de la paz inefable que las nieves traen de la mano. 

 

Una vez más, la Tierra nos regala su paz, paz de los sentidos, paz de la mente, paz del alma; sereno susurro de amores entre el Cielo y la Tierra, que sume el corazón en el silencio y la quietud eterna de la vida.

 

Salgo a la puerta de casa, y de la encina que se eleva a escasos metros de sus muros veo partir al águila, que se aleja volando bajo por entre los árboles del río.

 

Lamento haber perturbado su altiva paz. Quizás ella también contemplaba, ausente, la caída de los copos desde su improvisado refugio de la encina.

 

¿Entendería el águila mi tristeza? ¿Comprendería el bosque mi pesar por algo que desde tan lejos me duele? ¿Podría la nieve aplacar la furia del hombre, confundido y obcecado en derramar su propia sangre por ideas y pasiones de las que nada entienden los Cielos y la Tierra?

 

 

Brama la guerra una vez más en Palestina... una vez más... 

 

Una vez más, los necios arrastran en su cólera a miles de civiles, de hombres, mujeres y niños, que nada quisieran saber de batallas ni matanzas.

 

Pero los necios tienen sus razones para arrastrar a todos en su vorágine de sangre y de terror. Si no tuvieran sus razones, ¿cómo podrían justificarse ante sí mismos su propia necedad, su propia cólera insensata, sus irracionales pasiones?

 

No me pidáis que tome partido. No me pidáis que me incline por unos u otros. Indudablemente, los palestinos, una vez más —¡y son ya tantas!— se llevan la peor parte. Pero no quiero hablar de bandos. Eso es demasiado impersonal; y el dolor, el sufrimiento y la muerte son algo demasiado personal.

 

No quiero hablar de bandos. Quiero hablar de seres humanos, algunos de ellos quizás enloquecidos, pero seres humanos al fin y al cabo.

 

¿Por qué nos cuesta tanto entender que «los otros» también son humanos? ¿Por qué tildamos con tanta facilidad al otro de inhumano?

 

En cuanto le quitamos en nuestra cabeza la calidad de humano al que tenemos enfrente, podemos justificar ya cualquier cosa que le hagamos, cualquier barbaridad, cualquier crimen. Y así acumulamos desmanes y masacres, y odio y ansias de venganza, y más crímenes y matanzas, y más odio, más odio, más venganzas...

 

¿Por qué nos cuesta tanto comprender que el camino de la violencia no nos lleva a ninguna parte, que el odio y la venganza nos traerán un nuevo dolor más pronto o más tarde?

 

¿Cómo podemos llamarnos inteligentes, si ni siquiera podemos hacer cálculos de consecuencias a tres jugadas vista, como un mal jugador de ajedrez? ¿Cómo no vemos que la violencia ejercida contra otros traerá más violencia sobre nosotros, más dolor, más tristeza, más pesar, más muertes?

 

¿Hasta cuándo vamos a seguir jugando a este juego infernal?

 

Más de 60 años llevan ya israelíes y palestinos derramando su sangre. ¿Cuándo entenderán que su partida demencial es absurda, insensata, inútil y estéril? ¿Cuándo entenderán que la vía de la violencia jamás les dará el mundo y la vida que unos y otros desean?

 

Pero los necios de uno y otro lado se empeñan en seguir sumiendo a sus pueblos en la pesadilla y el dolor de la guerra, mientras los demás miramos angustiados, impotentes ante tanta insensatez, ante tanta tragedia; preguntándonos qué más podríamos hacer para que unos y otros dejaran las armas y se sentaran a hablar.

 

Sin duda, no necesitarían 60 años de conversaciones para resolver todas las diferencias que les separan.

 

Y, mientras, la nieve sigue cayendo, ausente de los dramas que agitan los corazones humanos...

¿Qué piensas tú, hermana Águila? ¿Aprenderemos, como tú, que sólo se puede arrebatar una vida por una exclusiva cuestión de subsistencia?  

 

 

volver arriba Back to top