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Autora   Publicado en Proyecto Avalon con fecha 19/09/2009

Elena Pérez

ELENA PÉREZ es funcionaria de la administración autonómica valenciana, activista pro-derechos civiles desde hace más de 30 años y miembro fundador del Proyecto Avalon - Iniciativa para una Cultura de Paz.

 

Dibujo de un hombre portando un YO enorme 

Queremos que terminen las injusticias y las guerras en el mundo... pero siempre y cuando no nos alteren nuestra plácida vida consumista en Occidente

 

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Día Internacional de la Paz

DISCURSO DE APERTURA DEL CONCIERTO EXTRAORDINARIO DE LA PAZ "CIUDAD DE REQUENA"

por Elena Pérez

Requena, 19 de septiembre de 2009

 

"... Sr. Mayor Zaragoza, no se encuentra en este teatro ningún importante hombre de estado con los que usted acostumbra a sentarse; ningún representante de las Naciones Unidas, ningún premio Nóbel de la Paz. Pero puedo asegurarle que la inmensa mayoría de las personas que se sientan en esas butacas es gente que aspira, sueña y se esfuerza en construir un mundo mejor y que comparten con Ud. el mismo sueño: vivir en un mundo donde prevalezca la armonía y la paz.

Gracias, de corazón por su trabajo y por su interés y voluntad por estar esta noche en nuestra ciudad. Sinceramente, cuando hice un alto para pensar en qué podía decirles esta noche, he de reconocer que no lo tuve fácil. Abrir un acto como este, en el que se conmemora el Día Internacional de la Paz, en el que no es posible hablar de otra cosa que no sea de la paz, es todo un reto. Un reto cuando hace exactamente un año me subí a este mismo escenario para hacer lo mismo que estoy haciendo ahora. Un reto cuando una se plantea qué puede decir sobre la paz que no dijera ya hace unos meses.

¿Qué podría decir sin repetirme?.

Incluso pensé en escarbar entre los múltiples textos del Sr. Mayor Zaragoza, y rescatar en su honor -y para suerte de todos ustedes- alguno de ellos, y limitarme a leerlo.

La realidad es que su discurso, ágil, inteligente y culto, me conducía al mismo sitio, a repetir el sentido de mi pasada intervención. Y es que, las palabras no dejan de ser un mero instrumento de transmisión de un pensamiento, de una emoción. Y podemos jugar con ellas para componer frases, más o menos hermosas, más o menos estudiadas, más o menos originales...

Pero cuando hablamos de Paz, cuando hablamos de Cultura de Paz, detrás de nuestras infinitas posibilidades de construir frases, tan solo existe un único trasfondo, un único mensaje válido, cierto, firme... sencillo. Cuando hablamos de construir la paz, tan solo hay un “yo mismo”. Cuando exigimos responsabilidades frente a los abusos, las injusticias, la violencia, siempre hay un “yo mismo”. Cuando hablamos de respeto, de tolerancia, de solidaridad, siempre hay un “yo mismo”. Cuando nos conmovemos ante la imagen de un niño desnutrido, siempre hay un yo mismo” Frente a nuestro horror ante una guerra, siempre hay un “yo mismo”.  Y aunque existan miles de palabras posibles para hablar de la paz, tan solo hay un único y válido camino para alcanzarla: a través de nosotros mismos.

Cuando nos preguntan a algún miembro de la Fundación Ávalon en qué consiste el proyecto en el que trabajamos y qué es lo que hacemos, solemos responder que la nuestra es una organización que trabaja la Educación para la Paz. Es una respuesta fácil, sencilla, para salir del paso de manera airosa.

Cuando el interés de la persona que pregunta va un poco más allá y nos plantea el “Sí, pero ¿cómo?” nuestra respuesta vuelve a ser fácil y sencilla “organizamos talleres formativos, mesas de diálogo, actividades de sensibilización social.... colaboramos con otras organizaciones internacionales en difundir el Manifiesto 2000 y La Carta de la Tierra...

Lo que no solemos decir, a no ser que quien nos pregunta muestre un elevado interés, es que nuestro único objetivo y nuestro esfuerzo lo centramos en cada vez más personas, una a una, sean conscientes de que educar para la paz pasa, inevitablemente, por vislumbrar, entender y asumir sus propios “yo mismo”

No se puede construir la paz desde el exterior, cada uno de nosotros tenemos que trabajar por transformarnos en paz. Claro que esto, dicho así, suena un poco a demagogia; en otros casos, parece un poco complicado de entender. Pero - lo peor de todo- es que una vez lo llegas a entender es muy difícil asumirlo, y muy duro el camino que hay que andar para lograrlo. Porque lo fácil es, exigir responsabilidades a los demás, a los que consideramos que tienen el poder, a nuestros políticos, a nuestras fuerzas sociales... Pero... hay que ver lo que nos cuesta reconocer que no somos quienes para exigir responsabilidades a otros que nada pueden hacer si cada uno de nosotros no asumimos las nuestras.

La mayoría de nosotros deseamos, sinceramente y de corazón, es verdad, que alguien solucione la terrible pobreza del tercer mundo... pero, por favor, a ver como se lo montan sin que se vea alterada nuestra estabilidad económica y nuestra sociedad del bienestar. Y clamamos, clamamos con desesperación, hasta salimos a la calle a manifestarnos, para que alguien frene las injusticias, la tortura, la vulneración de los derechos humanos,... pero, en el fondo, cómo nos incomoda que mientras tanto las víctimas de esas injusticias, de esas torturas, de esa constante violación de los derechos humanos, huyan en pateras hacia nuestras playas y tengamos que compartir con ellos, aquello que consideramos “nuestro”.

Y nos escandalizamos de las guerras y comentamos en las tertulias con nuestros amigos con ese tono suficiente de quienes creemos que a nosotros nadie nos engaña que “todo es por el petróleo...” pero mascullamos entre dientes la última subida que encarece unos euros nuestros desplazamientos a la playa o al supermercado.

La explotación del coltán, un mineral imprescindible en la fabricación de teléfonos móviles y otros dispositivos electrónicos, alimenta conflictos armados permanentes, especialmente en el Congo, que arrojan un saldo de casi 6 millones de muertos, una gran parte de ellos, niños. Pero se nos olvida cuando vamos a cambiar nuestro teléfono por un nuevo modelo que prácticamente nos regalan... Es mucho más sencillo esperar que el conflicto se resuelva desde las Naciones Unidas Esas son nuestras pequeñas incoherencias, tan perdonables, tan humanas,...

Pero tampoco se trata de culpabilizarnos y castigarnos a nosotros mismos. Nuestras acciones y comportamientos son siempre aprendidos. Constantemente se nos educa para pensar, actuar, movernos en una sociedad en la que a duras penas sabemos como sobrevivir sin hacernos daño a nosotros mismos, a nuestros seres más queridos y, desde luego, mucho menos se nos enseña cómo no herir a aquellos otros que viven a miles de kilómetros de nosotros, hablan otros idiomas y tienen otras costumbres...

No. No somos culpables de nada. Pero si realmente pretendemos que cambie todo aquello que no nos gusta, que nos duele, nos entristece o, incluso, nos enfada, no tenemos otra opción posible que la de asumir nuestra propia responsabilidad y escarbar en lo más profundo de nuestro corazón hasta alcanzar ese “yo mismo”. Porque es cierto que la sociedad nos ha arrastrado vertiginosamente al frágil punto en que nos encontramos. Pero no nos olvidemos que la sociedad está compuesta por cada uno de nosotros, individualmente.

No nos equivoquemos: nadie puede construir un mundo de paz para nosotros ni para nuestros hijos sin nuestra ayuda. Cada uno tenemos que coger nuestro pico y nuestra azada y plantar nuestra semilla, con humildad, con entusiasmo, y con la certeza de que solo así se construye una nueva sociedad donde prevalezca la Cultura de Paz, desde un nuevo enfoque y una nueva consciencia. Creemos que esa, es la mejor y más valiosa herencia que podemos dejar a nuestros hijos, una esperanza de futuro y paz.

No puedo finalizar sin dirigirme nuevamente a vosotros y a vosotras, al equipo de voluntariado del proyecto Ávalon, a esas personas anónimas y sencillas, que trabajáis en silencio por generar ese cambio social al que todos aspiramos. Esas personas que realmente intentáis cada minuto del día aplicaros vuestros propios “yo mismo” desde la más absoluta humildad y que vais integrando en vuestra mente y en vuestro corazón esa parte de responsabilidad que finalmente habéis entendido que os corresponde asumir Y os repito, otra vez, las palabras de siempre: Que os dirán que qué hacéis, que para qué lo hacéis, y que no sirve de nada. Que os dirán también que somos pocos. Y más de una vez tendremos que recordarles que en este planeta nuestro, cada vez somos más los pocos y son menos los muchos. Que tal vez ellos creen que nada puede cambiar porque dan por hecho que tienen el poder, pero nosotros sabemos que podemos hacerlo, porque tenemos el poder de la razón. Y, además, tenemos el empeño. Y, sobre todo, tenemos la dignidad. Frente a sus armas, esas son las nuestras. Las suyas, causan dolor y generan divisiones. Con las nuestras ayudamos a la Vida a abrirse paso con dignidad, entre todos y para todos.

De verdad, gracias por vuestra ayuda y por vuestra confianza. Y a todos vosotros, a los miembros de la corporación Municipal, a todos los asistentes os pedimos que no dudéis nunca y que jamás os rindáis. No importa el papel que os haya tocado jugar en este – dicen- gran teatro de la vida. No importa si habéis adoptado el papel de autoridad política o de simples ciudadanos. Sean cuales sean vuestras ideologías políticas, el color de vuestra piel o vuestras creencias religiosas... Haced vuestras las palabras que nos hizo llegar a todos el Secretario General de las Naciones Unidas desde Nueva York: "En este Día Internacional, hagamos el compromiso de que la paz sea no sólo una prioridad, sino una pasión. Comprometámonos a hacer más, donde sea que estemos y en la forma que podamos, para que cada día sea un día de la paz". Hagámoslo de manera consciente y comprometida, aceptando que el trabajo por la paz en cualquiera de sus ámbitos comienza por nuestra auténtica voluntad de lograrla.

Cada uno de vosotros sois importantes y necesarios para cambiar mi mundo. Cada uno de nosotros somos importantes y necesarios para cambiar el mundo de nuestros hijos y de las generaciones que les sucedan. Desde esta visión, desde este esperanzador pero no por ello menos real y auténtico paradigma, pongámonos en marcha ya, urgentemente, a trabajar por la paz.

En nombre del planeta tierra, nuestro hogar, que se convulsiona y sufre nuestra insensatez, gracias.

En nombre de cada víctima de cualquier conflicto, de cualquier injusticia, gracias.

En nombre de cada niño sin escuela, sin merienda, sin futuro, gracias.

En nombre de cada uno de nuestros hijos y de los hijos de nuestros hijos... gracias.

Retomando las palabras de Gandhi "Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena".

Gracias si desde siempre, desde ayer o desde mañana, no os hacéis cómplices con vuestro silencio. Gracias por entender y aceptar responsablemente que cada uno de vosotros, de los que estáis ahí sentados, sois la única esperanza de futuro.

Muchas gracias. 

 

 

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